Fin de la «era Orbán»: Hungría inicia una nueva etapa tras 16 años de ultranacionalismo
El ultranacionalista Viktor Orbán abandona este sábado después de 16 años la jefatura del Gobierno de Hungría, un país excomunista de Europa central que intentó transformar en una 'democracia iliberal', y al final cayó precisamente por las reglas con las que pensaba perpetuarse en el poder.
Su sucesor será el conservador Péter Magyar, de 45 años, quien obtuvo mayoría absoluta en las elecciones legislativas del pasado 12 de abril y que este sábado asumirá oficialmente como nuevo primer ministro tras jurar ante el Parlamento en Budapest.
Hungría se despide así de una etapa marcada por una concentración de poder sin precedentes del conservador partido Fidesz, cuyo líder se convirtió en todo un referente mundial de la extrema derecha populista y en uno de los dirigentes más polarizadores de Europa.
Viktor Orbán se convirtió en un referente internacional de la derecha nacionalista y mantuvo vínculos con figuras conservadoras de distintos países, entre ellas José Antonio Kast.
Tras llegar al poder en 2010 con una amplia mayoría parlamentaria, Orbán se alejó rápidamente de sus posturas liberales originales para defender un modelo que él mismo calificó de 'democracia iliberal', con medidas que socavaron los estándares del estado de derecho establecidos y defendidos por la Unión Europea (UE).
Para ello, modificó la Constitución, reformó varias veces la ley electoral y amplió el control del Ejecutivo sobre instituciones clave como el Tribunal Constitucional, mientras que empresarios cercanos al Fidesz se hicieron con el control de muchos medios de comunicación.
La falta de unidad de la oposición hizo posible que Orbán ganara otras tres elecciones legislativas (2014, 2018, 2022), siempre con amplias mayorías, sobre todo gracias a un complejo sistema electoral que da una ventaja desproporcionada al partido más votado.
Así se explica que Orbán pudo gobernar durante cuatro mandatos consecutivos con mayorías de dos tercios, incluso cuando en algunas votaciones no alcanzaba ni el 50 por ciento de los votos.
Sus críticos afirman que esas reformas debilitaron la separación de poderes, limitaron la libertad de prensa y redujeron muchos derechos civiles en Hungría.
A ello se añadieron su estricta política contra la inmigración y sus medidas para limitar los derechos de la comunidad LGBTI.
El prolongado dominio parlamentario, siempre con mayorías de dos tercios, permitió al Fidesz situar a personas leales en puestos estratégicos del Estado y ejercer una influencia determinante sobre la vida pública y económica.
Al respecto, Magyar exige la dimisión de los que califica como «títeres de Orbán», al considerar que fueron nombrados por el anterior Gobierno solo por criterios de lealtad.
Entre estos altos cargos, destaca el presidente de la Corte Suprema, el Fiscal General, el presidente del Tribunal Constitucional, el jefe de la autoridad de medios y los responsables de la Oficina de Auditoría del Estado y de la Autoridad de Competencia.
«Váyanse, no esperen a que los echemos. Porque los vamos a echar. Porque este sistema se ha acabado», advirtió Magyar nada más haber ganado las elecciones.
El pulso con la UE
Bajo su mandato, Hungría mantuvo tensiones recurrentes con la UE por cuestiones relacionadas con el Estado de derecho.
Tras retirarse del Partido Popular Europeo (PPE), Orbán fue uno de los artífices del grupo 'Patriotas por Europa' en el Parlamento Europeo, integrado por formaciones de ultraderecha que se autodenominan «soberanistas».
Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, Hungría entorpeció o incluso vetó decisiones clave de la UE y orientó su política exterior cada vez más hacia lo que Orbán llamó una ‘apertura al Este’, con posturas claramente prorrusas.
Después de varios años de fuerte crecimiento, la economía húngara empeoró desde la pandemia de 2020, en medio de una endémica corrupción bajo el 'sistema Orbán'.
A eso se sumó la congelación de unos 20.000 millones de euros de fondos comunitarios, supeditándolos a exigencias para cumplir con los requisitos y estándares de la UE.
Para recuperar la mayor parte de esta suma, Hungría deberá aplicar lo antes posible una serie de reformas para restaurar los contrapesos democráticos, la independencia judicial y la de la educación, entre otros ámbitos.
Según medios internacionales, la Comisión Europea sugiere que el Gobierno Magyar debería renunciar a una parte de los fondos ante los estrictos plazos, mientras que el equipo de Magyar insiste en la recuperación de la suma total.
En cuanto a la corrupción, tema en el que Bruselas también espera avances rápidos, el nuevo primer ministro prometió nuevas leyes efectivas, además de integrar a Hungría en la Fiscalía Europea, a lo que Orbán se había negado.
Uno de los instrumentos clave de la nueva administración será sin duda la 'Oficina de Recuperación y de Defensa del Patrimonio Nacional', cuya principal tarea será recuperar bienes públicos «robados» por el régimen y los oligarcas cercanos a Orbán.
Un sondeo publicado esta semana por el Instituto Medián indica que el 67 por ciento de los húngaros opina que «Viktor Orbán cometió delitos tan graves que debería ser llevado ante un tribunal».
El deterioro del nivel de vida en general, y en especial en el sistema educativo y en la sanidad, fueron los factores que contribuyeron a la pérdida de popularidad del veterano líder, que entró en política en 1988 como cofundador de Fidesz.
El surgimiento de un rival
El escándalo en torno al indulto de un ayudante de un pederasta en una institución pública causó en 2024 el salto a la política de Péter Magyar, un antiguo militante del Fidesz, que Orbán y su Gobierno nunca lograron controlar.
En las elecciones del pasado 12 de abril, Orbán y su partido sufrieron una derrota contundente: el Tisza, la formación de Magyar, obtuvo una mayoría cualificada superior a los dos tercios en el Parlamento, mientras que el Fidesz quedó reducido a poco más un 25 % de los 199 escaños en la Cámara.
En su campaña, Tisza prometió reformar el Estado tras 16 años de 'sistema Orbán', con el objetivo de restablecer la separación de poderes, luchar contra la corrupción y recuperar la confianza en las instituciones, así como normalizar las relaciones de Hungría con la Unión Europea (UE).
Según el portal independiente Telex, Magyar quiere acelerar el proceso de transición, por lo que la formación del Gobierno podría ser mucho más corta de lo esperado y sus ministros ya podrían jurar sus cargos el próximo martes, 12 de mayo.
El nuevo líder magiar ha afirmado varias veces que «no hay tiempo que perder» y que iniciará lo antes posible el proceso de desmantelamiento del «Estado mafioso» de Orbán.
Muchos en Hungría pensaron que el ultranacionalista iba a intentar conservar el poder a toda costa, pero en la misma noche electoral reconoció rápidamente su derrota y felicitó al ganador.
«Para nosotros, el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos ha otorgado la responsabilidad de gobernar», dijo Orbán, al tiempo que prometió «servir la patria» desde la oposición y renovar su partido tras la derrota electoral.
Unos días más tarde volvió a sorprender al anunciar que no formará parte del nuevo Parlamento, aunque por el momento sigue siendo presidente de su partido.
Casi un mes después de las elecciones, poco se sabe sobre el futuro político de Orbán, con especulaciones que van desde un posible exilio en Estados Unidos hasta su permanencia en Hungría para reconstituir el Fidesz y consolidarse como líder ultranacionalista a nivel europeo.